Kata – El Mapa del Karate

Kata o formas fijas, como se les conoce a menudo en nuestro idioma, representan sólo la parte más visible de una antigua herencia del Karate-do que nos remonta a sus orígenes. A menudo descrito como el alma misma del Karate-do, el kata, es la «hoja de ruta» o mapa de la experiencia adquirida por aquellos que recorrieron el arduo camino de este arte. El tema es de intensa curiosidad y crítica, practicantes de todo el mundo continúan persiguiendo la comprensión de los principios originales de la aplicación ortodoxa de los kata. Sin embargo, el problema que casi todo el mundo se encuentra al tratar de leer esas «hojas de ruta» es encontrar un maestro realmente capaz de impartir este tipo de prácticas esotéricas. Hasta el desarrollo del Karate «moderno», el kata se desempeñó como el principal vehículo a través del cual se habían estudiado, mejorado y perpetuado los secretos de los antiguos maestros. Nacido de la necesidad y transmitido en un férreo ritual secreto de maestro a discípulo, en una fraternidad privada de personas comprometidas con la vida en armonía con la naturaleza y sus semejantes, la magnitud de este profundo ritual se vió eclipsada cuando su práctica y propósito cambió durante los albores de este siglo. Reconfigurado en una recreación cultural, que se centró en la aptitud física y el desarrollo del carácter, sin tener en cuenta su aplicación brutal y cualidades introspectivas, una nueva tradición fue introducida en la parte continental de Japón durante un intenso período de escalada militar, donde fue sometido a una nueva transformación.En manos de los japoneses, el Karate-do, conocido hasta ese momento como Toudi (Tode) -jutsu, se formó a imagen del Kendo y Judo, y, posteriormente subió a la cúspide de su popularidad como una actividad competitiva en el sistema universitario de Japón. Con la lucha competitiva, poniendo poco o ningún énfasis en la aplicación de kata, no es de extrañar que nuestros propios maestros japoneses sepan poco o nada sobre este tipo de prácticas. Todo lo que uno necesita hacer es evaluar de cerca el legado (ryuha) que nos han dejado los principales estudiantes japoneses (y perpetuado por sus seguidores) de esos maestros de Okinawa de la primera generación, para entender lo que sabían, o más específicamente, lo que no sabían sobre tales prácticas. En representación de algo más que principios holísticos, terapéuticos y de defensa, cuando se aprenden correctamente, los antiguos Kata (Koryu) de Karate-do también le enseñan a uno a aceptar la agresión armoniosamente y responder desapasionadamente. El kata se compone de varios puñetazos, patadas, bloqueos, posturas y ataques, todos dispuestos en un patrón geométrico lógico representando respuestas sistematizadas a los escenarios habituales de la violencia civil que asolaron la época en que esos métodos fueron tan brillantemente ideados. Se necesitaron varias generaciones para concebir y sistematizar tales reacciones, a costa de incontables vidas y lesiones personales. Las aplicaciones de este tipo de reacciones son la torsión de los huesos y la separación del tendón de ellos, dislocaciones, puntos de presión, contraataques, derribos, proyecciones, inmovilizaciones y trabajo de suelo, junto con el golpeo, presión, pateo, y cualquier otro modo de traumatizar áreas anatómicamente vulnerables. En conjunto, estas aplicaciones se dividen en no menos de cuatro categorías que incluyen:

  1. Técnicas de inmovilización.
  2. Bloqueos neurológicos.
  3. Ataques al sistema respiratorio.
  4. Métodos paralizantes.

En abril de 1934, hablando de la evolución de la defensa personal, Miyagi Chojun, el fundador del Goju-ryu Karate-do, escribió, en su «Esbozo de Karate-do», que desconocía sus orígenes, pero que creía que el fenómeno se remontaba al principio de la humanidad, desde la era prehistórica, debido en gran parte a la hostilidad inherente a la naturaleza humana. Al tratar de comprender mejor los kata originales del Karate-do, es necesario saber que las técnicas y aplicaciones para las que fueron ideados no estaban destinados a ser utilizados contra un luchador profesional, un soldado, en un torneo, o incluso en el campo de batalla. Estaban, sin embargo, originalmente ideadas para ser utilizadas contra un atacante que prácticamente no tenía conocimiento de la estrategia defensiva que se utilizaba en contra de ellos. Más allá de su equivalente competitivo, situado hoy en el sancta-sanctorum interno de la mayoría del Karate-do, el arte del bunkai-jutsu (los principios de aplicación brutales) del kata ortodoxo es una parte inseparable de una antigua tradición que sólo conocen los que han tenido la suerte de encontrar un maestro para enseñarles. Con el desarrollo del Karate-do moderno, el kata y sus principios de aplicación meticulosa, pasaron a un segundo plano, para mayor auge y esplendor de las competiciones de lucha. Aprender mera técnica deportiva o de recreo, se convirtió en el punto principal del Karate-do. Cuando la técnica se aprende de forma indiscriminada, y los principios sobre los que se rigen siguen siendo desconocidos, una tradición profunda se reduce a poco más que una recreación física. ¿Cuántas veces te has aprendido el kata sin entender el significado de los movimientos? En este sentido el kata ha sido comparado con el aprendizaje de una canción en un idioma extranjero, una melodía agradable cuyas palabras siguen siendo un misterio. Subrayando la importancia de una metáfora como son las palabras provocadoras del filósofo/matemático francés, Henri Poincaré, quien, en 1905, escribió : «La ciencia se construye de los hechos, como una casa está construida de piedra, pero una acumulación de hechos no es más una ciencia que un montón de piedras es una casa». Así pues, cuando entrenamos Karate-do, sin entender los principios en que se apoya, permanecemos en la oscuridad.

En cada generación, surgen en el Karate líderes creativos que, en un esfuerzo por mantener su disciplina como una experiencia viva, reinterpretan los principios básicos sobre los que se apoya. Este proceso de re-interpretación ha dado lugar al desarrollo de los «estilos», pero, probablemente sería mejor describirlos como métodos más innovadores para enseñar principios ya existentes. Si no hubiera tanta ambigüedad rodeando la historia del Karate-do, todo el mundo podría entender claramente qué fenómenos históricos afectaron a su evolución y cómo tales hechos, hasta el día de hoy, siguen oscureciendo sus significados originales, mientras que en realidad se siguen fomentando los problemas que el arte pretende erradicar. El hecho de que una determinada escuela, estilo o método no conozca la aplicación original del kata, rara vez es culpa de sus estudiantes o profesores en este caso. Como he mencionado anteriormente, todo lo se necesita hacer es, examinar cuidadosamente el legado de los «estilos» modernos, para descubrir lo que se sabía, o no se sabía y lo que era conocido, enseñado y practicado por los estudiantes japoneses de sus maestros de Okinawa, cuando estas tradiciones fueron desarrolladas durante la primera mitad de este siglo. De la misma manera que extrapola un matemático, también pueden los investigadores de Karate-do, una vez obtenida la información y el material necesario, evaluar el patrimonio de su propia ryuha (escuela) por sí mismos.

Sabiendo que las raíces de Karate-do se encuentran en el Quanfa / Kenpo, es igualmente importante entender que la tradición antigua se desarrolló dentro de los confines del monasterio de Shaolin. Cuando se saca de dentro de los confines de su santuario monástico, tal práctica está sujeta a influencias que la diferencian de la original de donde salió. Yo creo que los fenómenos más responsables de influir en el posterior crecimiento y dirección de las tradiciones de lucha civil, en particular cuando se introduce en culturas extranjeras, es decir, Corea, Okinawa, Japón y el sudeste de Asia, etc., son:

1. Las diferentes influencias antropológicos.

2. Las exigencias físicas realizadas sobre el cuerpo de uno, que con la edad pasa factura.

3. El ego (personalidad y carácter) de la persona(s) más responsable de impartir los principios sobre los que descansa la técnica.

4. El entendimiento, o falta de este, de tales principios. La virtud, los valores y principios nunca varían de la misma manera como tan a menudo lo hacen las personas responsables de impartirlos. Además, incluso el más noble de los objetivos ha sido suficiente, para evitar que algunos variaran los hechos en un esfuerzo por servir a sus propias teorías. Tal ha sido, sin duda, el caso en los tiempos modernos.

A menudo me preguntan, aquellos con quienes tengo el privilegio de compartir mis conocimientos, cómo sé yo estas cosas, cuando sus propios maestros no lo hacen. Citando a Sir Isaac Newton, siempre digo: «Si he podido ver más lejos que nadie, es sólo porque he estado de pie sobre los hombros de gigantes». Después de haber acumulado un tesoro de libros y documentos originales, acumulando la mayor colección de fotografías antiguas y raras de maestros de Okinawa en cualquier parte del mundo, y material relacionado, junto con volúmenes de testimonios orales y experiencias incalculables, mi extensa investigación, en Japón, China y el sudeste de Asia, me ha puesto en contacto con la mayoría de autoridades prominentes de esta generación de las llamadas Artes Marciales. No es ningún secreto entonces, que mi entendimiento de Karate-do, como una forma de arte, se ha visto profundamente afectado por el contacto con esas personas.

El objetivo final del Karate-do, transmitido a través del kata, es descubrir que la fuente de la debilidad humana es interna, no externa. Por lo tanto, el viaje es hacia el interior, no al exterior. Dentro de uno mismo, es donde todas las batallas deben ser primero combatidas y ganadas. Y, si estáis tratando de embarcaros en un viaje a un lugar que todavía tenéis que conocer, necesitáis saber cómo leer el mapa. ¿Cómo si no podréis llegar a donde realmente queréis ir?

(Artículo extraído del original en inglés, traducido por Jose M. Viñez).

Por Patrick McCarthy

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